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jueves, 30 de abril de 2020

La escuela en tiempos de aislamiento social

Mucho se habla de la adecuación de la actividad docente para que la escuela siga abierta a pesar del cierre de establecimientos por el aislamiento social, preventivo y obligatorio. Pero, ¿cuáles son las condiciones de docentes, estudiantes y familias ante esta situación? ¿Puede el sistema continuar con normalidad en una situación anormal? Luis Porta, investigador del CONICET y especialista en educación nos ayuda a entender el funcionamiento de la escuela en tiempos de pandemia.

“Las escuelas están abiertas y funcionando, lo que está cerrado es el edificio”, es el emblema que se repite en ministerios y hogares, donde las rutinas se modificaron abruptamente. En este contexto nos cuesta comprender cómo el proceso que es colectivo puede darse en los hogares, de manera individual y a veces con falta de recursos para completar la tarea. 


Luis Porta, investigador principal del CONICET, profesor de las asignaturas Problemática Educativa y Sociología de la Educación en el Departamento de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Mar del Plata, director del Centro de Investigaciones Multidisciplinarias en Educación (CIMED-UNMDP) y de la carrera de Especialización en Docencia Universitaria de la Facultad de Humanidades de la UNMDP, nos ayuda a entender cómo mejorar este proceso que parece interrumpido de manera irreversible.



Para el investigador la suspensión de inicio del ciclo lectivo fue necesaria y justa en términos de preservar la salud colectiva y adecuar el sistema público a las necesidades, sobre todo a partir de la experiencia vivida por otros países. “La escuela se encuentra hoy interpelada, no sólo ante los tiempos excepcionales, sino también a las condiciones de trabajo y de acceso a la educación. Hoy nos damos cuenta de todo lo que significa la presencialidad, el encuentro cara a cara y el acceso diferenciado en términos de la virtualidad”, comenta. Sin embargo, las condiciones de la educación, en términos laborales, edilicios y de acceso, tampoco eran homogéneas antes del aislamiento. Según explicó Porta en estos tiempos excepcionales se desnudan normalidades de un sistema escolar y social que está montado sobre la desigualdad y en consecuencia el acceso a las tecnologías no es igualitario”.

En el caso de los docentes, el trabajo se ha intensificado, buscando respuestas rápidas que permitan adecuar pedagógicamente los planes docentes generando material didáctico accesible, corrigiendo de manera individualizada, y teniendo en cuenta el acceso diferencial de los estudiantes al material. Todas estas medidas buscan acompañar a los estudiantes en su continuidad en el sistema y provocan jornadas de trabajo mucho más extensas, poniendo así en tensión los propios derechos laborales. Aún así, se evidencia que la escuela es irremplazable, y excede la cuestión edilicia:”Escuela es atender el día a día, sosteniendo la emergencia y co-construyendo el sentido inclusor de la educación, que manifiesta las profundas desigualdades estructurales socio-educativas que atraviesa nuestro país desde hace décadas. Dejando en claro el requerimiento de un posicionamiento político, ético y estético más empático entre nosotros y con los y las estudiantes de todos los niveles del sistema educativo”, agrega Porta.

El especialista plantea la aparición de esta nueva normalidad para docentes de todos los niveles, que trabajosamente, pero en tiempo récord ya están todos inmersos en esa dinámica de trabajo. Pero toda esta situación genera un cambio fuerte, un sacudón que no nos permite volver a la rutina que conocíamos:”En todo caso es un refugio, unas nuevas rutinas, chequeamos mensajería, foros, programamos reuniones. Es en mi opinión un error no poder quedarnos quietos. Creo que es lo que necesitaríamos y lo que exige la ocasión: suspender todo y sentir, asimilar el golpe, planificar, una especie de anti-catarata de trabajo, que normalmente no tendríamos. Lo “normal” sería ralentizar, pausar.  El lugar de encuentro presencial sigue siendo el motor que nos permite generar condiciones de encuentro cara a cara”.

A pesar de los esfuerzos docentes Los procesos de enseñanza y aprendizaje no se pueden trasladar directamente a un escenario completamente virtual. Principalmente porque, según el experto, existe una inequidad en la distribución de capitales sociales y culturales que hace que la desigualdad existente ahora se haga explícita. Hay hogares con acceso a Internet, alimentos, medios y familias dispuestas y capacitadas a ayudar y otras donde todos o algunos de esas herramientas no están disponibles, profundizando diferencias que dejan huella en formaciones profesionales y recorridos personales.

Además de las desigualdades expuestas, surge como interrogante cómo será el regreso a la presencialidad. Según el investigador deberá ser paulatino, considerando las condiciones edilicias, estructurales y de equipamiento de las instituciones escolares y universitarias y otros factores difíciles de cuantificar. “Apuesto por una vuelta que signifique un giro reflexivo acerca de lo que nos pasa, lo que queremos para nuestra educación, sus sentidos y el lugar que tenemos en esa responsabilidad. Si volvemos como si nada pasó, corremos el riesgo de replicar lo que nos pasa. Se hace necesario revalorizar el lugar y el rol de las instituciones educativas, en todo caso, el desafío es resignificarlo en conexión con las propuestas de las tecnologías de la información y comunicación”. Llama así a pensar acerca del rol del Estado en la puesta en marcha de políticas públicas educativas con rostro humano que le otorguen sentido a una vida social igualitaria, solidaria y justa en la distribución y acceso a la riqueza.

El especialista plantea además la necesidad de establecer políticas públicas que pongan énfasis en la formación para la virtualidad en el recorrido docente y generar programas que recuperen la importancia del trabajo con tecnologías, la producción de material didáctico y la evaluación tal como en su momento significó por ejemplo el Programa Conectar Igualdad y todas las líneas de desarrollo que tuvo.

Consultado por la posibilidad de modificaciones en los horarios escolares, Porta explica que podría configurar una ventaja en el proceso educativo. Sin embargo, algunas particularidades del sistema educativo argentino, como problemas de equipamiento, horarios, infraestructura, convivencia de instituciones en edificios únicos, atención de problemáticas sociales, deberán ser tenidas en cuenta y evaluadas para una medida de esta naturaleza.

Para Luis, este contexto atraviesa a familias, docentes y estudiantes, una coyuntura de la cual podemos salir mejores si existe empatía, si podemos ponernos en el lugar del otro para disminuir ansiedades, restar presiones y enriquecer el acompañamiento que se necesita para atravesar este complejo momento en el cual el sistema nos ha sumergido. Es una emergencia que deja al descubierto cada acción y, a su vez, componente de la encrucijada de las relaciones entre educación y vida familiar.

La investigación de Porta se centra en la condición biográfica de los y las profesores y la particular manera en que esas vidas y esos mundos son narrados, historizados, construidos y reconfigurados y las formas en que se ponen de manifiesto en sus prácticas de enseñanza como una forma de ser y estar en el mundo. “Vida, pasión y enseñanza se entrelazan en una dinámica que pone en juego en la profesión, la formación y los contenidos de la enseñanza. Esa línea imperceptible entre pasado, presente y futuro que se manifiesta en las prácticas docentes me han motivado a indagar biográficamente en vidas que, no sólo merecen ser vividas, sino también contadas”.


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