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domingo, 16 de octubre de 2016

El 17 de octubre, según la embajada norteamericana. Por Pablo Adrián Vázquez

La Revolución del 4 de Junio de 1943 trajo al coronel Juan Perón y su política social, impulsó más de 120 decretos leyes, sumó el apoyo de dirigentes del socialismo y el radicalismo, a la vez que ganó popularidad entre los trabajadores.

Estados Unidos siguió de cerca el fenómeno de Perón…
Los sucesos escalaron con la reunión de representantes de toda América en el palacio de Chapultepec, ciudad de México, donde finalmente Argentina declaró la guerra al III Reich, semanas antes de la caída de Berlín.
A pesar de ello la base de sustentación del poder de Perón – ejército y sindicatos - siguió firme, a tal punto que ya se insinuó su candidatura a presidente. 
“El 23 de abril... (Perón) distribuyó a la prensa una declaración en la que aseguraba no aspirar a la presidencia... ¿Era sincero Perón? Probablemente no. La declaración se emitió fríamente, por escrito y como de mala gana... lo que parece seguro es que no medió ninguna presión militar u oficial para que Perón formulara su sorpresiva declaración”. 


En el folleto ¿Dónde estuvo?, transcribió Perón, como Bill de Caledonia, retomado por Félix Luna en El 45 que: “Yo fui el primero en condenar una candidatura oficial.  Cuando aparecieron los primeros indicios que me sindicaban como candidato, reunido con Mercante resolví poner fin a las especies circulantes con una declaración decisiva en la que negaba en forma absoluta la veracidad de tales afirmaciones...”. (Luna, 1984: 147 – 149)
El 9 de mayo arribó el nuevo embajador norteamericano Spruille Braden que se transformó en el adversario más hostil a Perón. Aglutinó a la oposición en su lucha contra el gobierno militar, aprovechando la derrota del Eje. 
Los zarandeos políticos del secretario de Trabajo y Previsión fueron seguidos con gran atención, tal como lo comunicó Braden al secretario de Estado norteamericano el 17 de julio de 1945:
“... Perón y el sistema que él representa está recuperando posiciones. Perón y sus colaboradores más íntimos no necesitarán gran habilidad para conservar su poder en el Ejército, mantener a la oposición en estado de confusión e indefensión y continuar apareciendo como el hombre indispensable a los ojos de sus seguidores (incluidos los menos entusiastas). Mientras que mucha de la fuerza de Perón se deriva del temor de los oficiales del Ejército a lo que les pudiera suceder si aquél fuera derrocado, no debemos perder de vista que el régimen actual es un movimiento inspirado y apoyado desde el exterior y se sustenta en la xenofobia, vanidad y ambiciones del pueblo argentino, aprovechándolas al máximo. (...) Mientras la oposición persista en este comportamiento, Perón y su grupo no pueden ser derrocados desde el interior de la Argentina”. (Van Der Karr, 1990: 91 92)
La fricción entre el coronel y el embajador estallaron en su última reunión del 5 de julio, insulto por parte del primero y enojo – previo olvido del sombrero – del segundo mediante, que determinó una toma de posición irreductible de ambos.
La acción del espía Durand, español ex republicano y ahora al servicio de la embajada, dieron frutos en cuanto a conspiraciones con civiles y militares descontentos con la política del joven coronel.
En tanto Perón consiguió el apoyo de sectores radicales, previo aval de Farrel y el ejército, que se expresó en adhesiones de dirigentes y actos de apoyo.  Uno de ellos se desarrolló en Parque Retiro y fue relatado por Braden - con la firma de John Cabot, consejero de la embajada – en un informe MUY CONFIDENCIAL (en mayúsculas en el original) al Secretario de Estado norteamericano el 31 de julio de 1945: “Tengo el honor de informar que mi consejero y agregado cultural fue testigo presencial de la siguiente megalomanía exhibida por el coronel J. D. Perón, la noche del 24 de julio. Un grupo de partidarios de Perón, autodenominados “verdaderos soldados del Yrigoyenismo” (...) organizaron una cena en el Parque Retiro. Según reza la información, se hicieron presentes unas 2.000 personas. Al iniciarse los discursos, un grupo vociferante interrumpió con gritos favorables al radicalismo y consignas como “la Nación con Perón”, “Perón y Teisaire”, “Irigoyen y Perón” e insistió que la reunión marchara en masa al domicilio de Perón...”. (Van Der Karr, 1990: 94 - 95)
Braden mantuvo contactos con el canciller Juan I. Cooke y con el ministro del Interior Hortensio Quijano. También siguió de cerca la realización de la Marcha de la Constitución y la Libertad, efectuada el 19 de septiembre, por toda la oposición al gobierno militar. Un día después, sugestivamente, desde La Paz – con copia para Buenos Aires – se envió un texto (URGENTE y SECRETO) al Secretario de Estado, donde se afirmó que:
“Un responsable hombre de negocios norteamericano ... ha informado a Dudley Singer que un amigo argentino ... le informó que anoche debía realizarse una reunión en Salta en la que participarían opositores al actual régimen argentino, entre los que se incluyen miembros del Ejército argentino, que en este momento se están poniendo en contra de Perón. Afirmó que el movimiento destinado a derrocar al actual régimen argentino se llevará a cabo indefectiblemente el 26 de octubre”. (Van Der Karr, 1990: 107)
Chisme o no, el dato reviste importancia al corroborar históricamente lo sucedido. Efectivamente octubre fue un mes clave...
La puja interna militar cuestionando el poder de Perón, más las presiones de la oposición, llevó al planteo que produjo la renuncia de Perón a sus cargos, su retiro del servicio activo de ejército y su posterior arresto en la prisión militar de la isla Martín García. 
Desde ese momento Eva Duarte, Domingo Mercante y algunos dirigentes sindicales se movilizaron para peticionar por la libertad del coronel. La Confederación General del Trabajo, en acalorado debate, resolvió una huelga para defender las conquistas sociales perdidas luego del arresto de Perón para el 18.
Pero el 17 la movilización popular precipitó un cambio político y social único en el país.
La reacción de la oposición, los militares y la embajada norteamericana fue de perplejidad. Se enviaron varias notas donde se analizó los sucesos del 17 con variadas hipótesis. Una nota secreta del 18, cursada al secretario de Estado, conjeturó:“Es una impresión generalizada que, al menos que la oposición reaccione rápidamente, el apoyo popular a Perón crecerá como una bola de nieve permitiéndole competir electoralmente, como candidato del pueblo, (...)esto representa la muerte del Partido Radical y Socialista y el nacimiento del Partido Laborista, organizado por Perón”. Continuó afirmando que “el camino hacia la formación del Partido Laborista que apoye a Perón está expedito, especialmente si los radicales no están dispuestos a colaborar”. (Van Der Karr, 1990: 126)
Los hechos marcaron un camino difícil de entender para aquellos que representaban a los viejos intereses colonialistas y dejaban al descubierto su incapacidad. 
Fue liberado Perón y el pueblo lo legitimó como su Conductor. 
La Argentina profunda triunfó...
* Politólogo; Docente de la UCES; Miembro de Número de los Institutos Nacionales Eva Perón, Rosas y Manuel Dorrego

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