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miércoles, 3 de junio de 2020

La cuarentena y el consumo de alcohol desde la mirada científica

Conforme avanzan los días de aislamiento social, preventivo y obligatorio aumentan en las redes sociales las fotografías donde la copa de vino o, en su defecto, el vaso de cerveza, son las protagonistas. Las investigadoras Mariana Cremonte y Karina Conde nos hablan de los tipos de consumo de alcohol en nuestra sociedad, particularmente durante el confinamiento.

 Las investigadoras del Instituto de Psicología Básica, Aplicada y Tecnología (IPSBAT, CONICET-UNMDP) Mariana Cremonte y Karina Conde, especialistas en epidemiología del uso de alcohol, la medición y los problemas asociados al consumo analizan la situación actual. El grupo de investigación del cual son parte estudia las formas de consumo y su relación con las consecuencias negativas y trabajan sobre modelos que expliquen el consumo de alcohol y los cambios en el consumo mediante variables psicosociales -como normas sociales- o ambientales –como la densidad de puntos de venta-.


Dentro de su trabajo relatan que hay estudios previos a la pandemia que, particularmente entre los más jóvenes, demuestran la normalización del consumo de alcohol a partir de la visualización en redes sociales, por publicidades o publicaciones, que normaliza el consumo de dicha sustancia. Y, particularmente en nuestra ciudad, ellas mismas han realizado estudios que señalan la importancia de las normas sociales, es decir las percepciones sobre la aceptación del consumo, entre jóvenes marplatenses. Por esta razón, disminuir las publicidades de bebidas alcohólicas resulta una medida efectiva.

”Muchos estudios señalan que en nuestro país el consumo de alcohol en general, pero muy especialmente entre los jóvenes, viene siendo un problema importante de salud pública desde hace décadas. Si aumenta o si los adultos están más pendientes a causa del aislamiento, no es algo que se pueda contestar con los datos disponibles a nivel nacional hasta el momento”, explica Conde.

Lo que sí se sabe es que “los bebedores de cantidades moderadas/altas de alcohol tienen mayor riesgo de desarrollar un síndrome respiratorio agudo severo, una de las consecuencias más graves del COVID-19”, explican las investigadoras. Por otra parte, las especialistas explican el vínculo entre la ingesta de alcohol y otros hábitos. Hay que tener en cuenta que para muchas personas tomar alcohol lleva a fumar más, y fumar también empeora el pronóstico en caso de COVID.

Si bien no hay datos actualizados sobre el consumo de alcohol en cuarentena, investigaciones previas demostraron que situaciones de estrés, como la que estamos viviendo, son un desencadenante importante del consumo o de una recaída entre quienes están o estaban tratando de mantenerse sobrios. Lo que hace suponer que puede haber un aumento del consumo en ciertos grupos de personas, como aquellos que tienen un consumo problemático, o están en recuperación y tratando de abstenerse del consumo.

 Según las investigadoras el consumo de alcohol puede ser clasificado como “consumo de riesgo” o “consumo de bajo riesgo”. El riesgo del consumo hace referencia a que la persona es más vulnerable  de tener cualquiera de las casi 300 condiciones de salud asociadas al alcohol, desde enfermedades de transmisión sexual, infecciosas, lesiones por tránsito, hasta distintos tipos de cáncer, el riesgo puede ir en aumento, pero no existe consumo libre de

 riesgo. Si hablamos de medidas concretas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) se refiere a cualquier consumo que supere un vaso de vino o porrón de cerveza, o a una medida de bebida de mayor graduación alcohólica, o trago preparado, por día para las mujeres, y dos de esas unidades para los varones. Y en el caso de los adolescentes, y las mujeres embarazadas o en período de lactancia el consumo debería ser nulo.

Argentina es considerado un país “húmedo”, es decir que el consumo de alcohol está ampliamente aceptado, incorporado y naturalizado, con un consumo per cápita muy alto, por lo que las especialistas recomiendan reducirlo evitando el consumo de bebidas alcohólicas, por varias razones. En primer lugar, porque el alcohol afecta cada uno de los órganos y funciones corporales, además de las funciones mentales, cambiando la forma de sentir, de pensar, y de actuar, generando consecuencias en la salud, aunque el volumen de consumo sea bajo. Particularmente, en este contexto se debe destacar que el alcohol afecta el sistema inmunológico, disminuyendo la capacidad de respuesta del organismo, y es por ello que la OMS recomienda evitar el consumo, o si esto no es posible, reducirlo y evitar la intoxicación.

En este contexto de pandemia, desde ciertos municipios y provincias de Argentina, se impulsó la prohibición de comercializar bebidas alcohólicas para disminuir las situaciones que podrían ser potenciadas por el consumo problemático. Sin embargo, las especialistas explican que la situación es bastante más compleja, y que la prohibición no es la solución. Si bien en un principio supondría una disminución en las lesiones e intoxicaciones, aquellas personas que conviven con un consumo problemático o un trastorno por consumo de alcohol, no dejarían de tenerlo. Por el contrario, estarían expuestas a sufrir los efectos del síndrome de abstinencia, que en el caso del alcohol, es potencialmente letal. A lo largo de la historia de la humanidad se han impulsado medidas de prohibición, conocidas como “ley seca” y los resultados nunca han sido buenos. Existen medidas efectivas para el control de consumo de alcohol diferentes de la prohibición. Entre ellas se encuentran: el aumento en los impuestos a las bebidas con alcohol, la prohibición de las publicidades, promociones y patrocinios de las bebidas, y la limitación en la disponibilidad, restringiendo días, horarios y puntos de venta.

“Consideramos que el consumo de alcohol lejos de ser un problema de responsabilidad individual es un problema de la salud pública, y que es urgente la necesidad de implementar políticas públicas efectivas”, explican las investigadoras y agregan “estamos expuestos a publicidades de alcohol desde la niñez y a una compleja estrategia de marketing que apunta no sólo a que la población mantenga el consumo sino a que lo aumente”. Producto de una investigación propia las investigadoras hallaron que en Latinoamérica las acciones que la industria del alcohol realiza como si fueran de responsabilidad social empresaria -del tipo conductor designado, beber con responsabilidad, entre otras- no sólo no son efectivas para reducir el consumo sino que además esconden estrategias de mercadeo y publicidad.

Con respecto a sus líneas de trabajo, la situación sanitaria y el posterior aislamiento social  interrumpieron un estudio que las investigadoras del IPSIBAT venían llevando a cabo desde el grupo de investigación patrocinado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en colaboración con el Servicio de Emergencias del Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA), en el que estudian la relación entre las lesiones de tránsito con el consumo de alcohol y otras sustancias. Para ello, entrevistan a los pacientes que ingresan a la guardia después de haber tenido un siniestro vial, y se les consulta por el consumo reciente y el consumo habitual de alcohol y otras drogas. Además evalúan mediante alcoholímetría y reactivos para saliva, el consumo reciente de alcohol, marihuana, cocaína, y otras cuatro sustancias. “Por suerte el estudio se desarrolló muy bien gracias al personal del HIGA y a los pacientes que generosamente accedieron a participar, y antes de interrumpirlo alcanzamos a recolectar datos de un número suficiente de pacientes como para permitir análisis robustos. Estábamos comenzando un estudio similar en Bahía Blanca, también patrocinado por OPS, en la colaboración del Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Nacional del Sur, que obviamente tuvimos que suspender”, concluye Cremonte.

El grupo de investigación de Sustancias Psicoactivas y Lesiones por causa externa está compuesto por las investigadoras Mariana Cremonte, Karina Conde, Raquel Peltzer, Ayelen Bizcarra y los becarios Tomás Salomón y Paula Gimenez.

En Mar del Plata, como en el resto del país, aquellos que tienen un trastorno por uso de alcohol y tienen dificultad para disminuir o cesar el consumo por sus medios, pueden comunicarse al 141 las 24 horas del día. Además, las comunidades terapéuticas están funcionando con guardias mínimas, y pueden acceder a la página de Alcohólicos Anónimos para pedir el acceso a grupos online (aa.org.ar).

Fuente: “Departamento de Comunicación CONICET Mar del Plata”

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